Caso de estudio · Estrategia & Ejecución
Indiana no es una marca desconocida.
Tiene producto, distribución y una trayectoria sólida dentro de la industria eléctrica, especialmente en el norte del país.
El reto no estaba en lo que fabricaban, sino en cómo se estaba contando la marca y hasta dónde llegaba su influencia real en la decisión de compra del electricista.
El problema real (no el evidente)
El problema no era la falta de influencers.
El problema era todo lo que implica depender de ellos en una industria técnica.
Métricas infladas y poco confiables.
Audiencias que no necesariamente instalan ni recomiendan.
Voceros que pueden cambiar de marca en cualquier momento.
Contenido entretenido, pero sin profundidad técnica.
Cero control real sobre la narrativa.
En una industria donde la confianza pesa más que el alcance, este modelo no solo es limitado, es riesgoso.
¿Por qué una marca con tanto conocimiento debería pedir prestada la voz de alguien más?
La decisión estratégica
En lugar de contratar influencers externos, propusimos algo distinto:
Crear influencers propios.
No actores.
No embajadores genéricos.
No perfiles que cambian de marca según el contrato.
La idea era construir un equipo de voceros técnicos, con especialidades claras, perfiles diferenciados y una narrativa completamente controlada por la marca.
No se trataba de alcance inmediato.
Se trataba de credibilidad sostenida.

El concepto: Super Eléctricos
Super Eléctricos no nació como una campaña.
Nació como un ecosistema de comunicación pensado para resolver un problema real de marca dentro de la industria eléctrica.
La idea era simple en forma, pero compleja en ejecución: construir un grupo de electricistas certificados que compartieran conocimiento real, educaran al mercado y construyeran una comunidad alrededor de la marca Indiana.
No se trataba de crear personajes artificiales ni de repetir mensajes publicitarios.
Se trataba de darle rostro, voz y criterio técnico a la marca.
Super Eléctricos no habla desde la marca.
Habla desde el oficio.
Crear influencers propios no significaba “poner un uniforme y grabar videos”.
Significaba algo mucho más complejo: definir quién sí podía representar a la marca y quién no.
Desde el inicio, entendimos que el proyecto no iba a construirse desde el carisma, sino desde el criterio técnico, la ética profesional y la capacidad real de enseñar.



El primer casting de Super Eléctricos no tuvo uniformes, ni equipo especial, ni producción perfecta.
Tuvimos jornadas largas de entrevistas y grabaciones, evaluando gente, escuchando cómo explicaban, cómo resolvían problemas y cómo se enfrentaban a preguntas técnicas sin guion.
No buscábamos “talento frente a cámara”.
Buscábamos oficio, claridad y respeto por la instalación bien hecha.
Durante el proceso, partimos de un perfil que parecía ideal: un electricista senior, con experiencia y trayectoria.
Sin embargo, pronto apareció una realidad incómoda pero clave:
muchos electricistas experimentados no siguen las normas mexicanas de instalación al pie de la letra.
En la práctica cotidiana eso puede ser común.
Pero para un proyecto de marca, no era negociable.
Tuvimos que cambiar perfiles más de una vez, no por falta de conocimiento, sino porque Super Eléctricos no podía normalizar malas prácticas, aunque fueran “lo que se ve en la calle”.
Aquí se tomó una decisión clara:
La marca debía comunicar como se debe hacer, no como a veces se hace.
La marca ya tenía una opción fácil: trabajar con un influencer del medio eléctrico, seguido por muchos instaladores.
El problema era evidente.
Ese influencer ya trabajaba con una marca competidora… y seguía apareciendo en su comunicación.
El proyecto no podía —ni debía— controlar ese discurso.
Y eso confirmó algo clave:
Un influencer prestado nunca es realmente tuyo.
Con Super Eléctricos, eso no volvería a pasar.
Los voceros serían siempre de Indiana.
La narrativa sería siempre de Indiana.
Y el conocimiento quedaría siempre dentro del ecosistema de la marca.
Ser Super Eléctrico no era una oportunidad de exposición.
Era una responsabilidad técnica.
La ejecución: constancia, formatos y comunidad
Una buena idea sin ejecución es solo una anécdota.
Super Eléctricos se construyó desde el principio como un sistema de contenido, no como una campaña aislada.
El objetivo no era “pegar un video”.
Era educar, acompañar y permanecer en la mente del electricista real.
No apostamos a un solo canal.
Diseñamos un ecosistema completo de comunicación técnica.
YouTube se convirtió en el eje central para contenidos largos y educativos, donde se podían explicar conceptos, errores comunes y buenas prácticas con profundidad.
Los formatos cortos permitieron resolver dudas puntuales, situaciones reales de instalación y errores frecuentes que el electricista enfrenta todos los días.
Cada pieza tenía una función clara dentro del sistema.
Nada se subía “porque sí”.
YouTube se convirtió en el eje central para contenidos largos y educativos, donde se podían explicar conceptos, errores comunes y buenas prácticas con profundidad.
Los formatos cortos permitieron resolver dudas puntuales, situaciones reales de instalación y errores frecuentes que el electricista enfrenta todos los días.
Cada pieza tenía una función clara dentro del sistema.
Nada se subía “porque sí”.

Contenido técnico publicado de forma constante, con múltiples voceros y formatos complementarios.
La constancia fue la verdadera estrategia.
Super Eléctricos no se construyó con picos virales, sino con presencia sostenida.
Semana tras semana.
Tema tras tema.
Error tras error explicado.
En una industria técnica, la repetición bien hecha genera confianza.
Y la confianza, en este mercado, pesa más que cualquier alcance momentáneo.
El resultado fue una comunidad, no solo una audiencia.
Los electricistas no solo consumían el contenido.
Lo compartían, lo comentaban y lo usaban como referencia.
La marca dejó de hablar sola.
Empezó a ser citada.
Super Eléctricos no se trató de generar vistas.
Se trató de formar criterio.

Los resultados: cuando la narrativa empieza a mover decisiones
Los resultados de Super Eléctricos no aparecieron de un día para otro.
No fueron producto de un video viral ni de una pauta agresiva.
Fueron consecuencia directa de una narrativa consistente, bien ejecutada y sostenida en el tiempo.
Menos ruido. Más relevancia.
A lo largo del tiempo, el contenido empezó a comportarse distinto a lo que suele verse en campañas con influencers tradicionales.
Los videos largos comenzaron a ganar peso como piezas de referencia.
Los formatos cortos se consolidaron como puntos de entrada al ecosistema.
La audiencia dejó de consumir de forma pasiva y empezó a interactuar con intención.
El crecimiento llegó con una característica poco común: mayor eficiencia con menor volumen.
Se publicaron menos videos, pero con mayor impacto.
El tiempo de reproducción promedio aumentó.
El contenido educativo empezó a tener más peso que el contenido meramente entretenido.
• Crecimiento sostenido en visualizaciones año contra año.
• Mayor protagonismo del contenido largo como fuente de autoridad.
• Incremento claro en interacción y tiempo de reproducción.
• Mejor rendimiento por pieza, no por cantidad.
Pero el impacto más importante no estuvo solo en las plataformas.
En la industria eléctrica, el electricista no suele cambiar de punto de venta por una marca.
Compra donde siempre compra.
Instala lo que encuentra en el mostrador.
Super Eléctricos buscó cambiar esa lógica.
El objetivo no era solo que el electricista conociera la marca.
Era que la pidiera.
Que exigiera el producto en su punto de venta habitual.
O que estuviera dispuesto a buscarla en otro lugar.
Cuando el electricista llega al mostrador con una marca en la cabeza,
la labor de venta se vuelve mucho más sencilla.
Super Eléctricos no solo generó visibilidad.
Generó preferencia.
El verdadero éxito: controlar la narrativa
Más allá de las métricas, Super Eléctricos resolvió un problema silencioso que muchas marcas industriales enfrentan sin darse cuenta.
El control del discurso.
Dentro del mercado eléctrico existen influencers con buena aceptación entre instaladores.
Algunos incluso ya hablaban de temas técnicos y tenían audiencias relevantes.
Indiana pudo haber tomado ese camino.
Era más rápido.
Era más fácil.
El problema era evidente desde el inicio.
Ese tipo de influencers ya trabajaba —y sigue trabajando— con marcas competidoras.
Su imagen aparece en distintas comunicaciones.
Sus recomendaciones cambian según el acuerdo.
Y, naturalmente, la marca no tiene control sobre ese mensaje.
Con Super Eléctricos, esa dependencia desapareció.
Los voceros no eran prestados.
No cambiaban de marca.
No compartían narrativa con la competencia.
La voz, el criterio y el conocimiento pertenecían al ecosistema de Indiana.
Un influencer externo puede amplificar un mensaje.
Pero nunca lo va a proteger.
Super Eléctricos no fue solo una estrategia de contenido.
Fue una decisión de largo plazo para que la marca no dependiera exclusivamente de voces ajenas para contar su propia historia.
Lo que este proyecto demuestra
Super Eléctricos demuestra que las marcas industriales no necesitan gritar más fuerte.
Necesitan hablar mejor.
Cuando el conocimiento se organiza, se comunica con criterio y se sostiene en el tiempo,
el contenido deja de ser un gasto y se convierte en un activo.
• Que la credibilidad no se renta, se construye.
• Que el control de la narrativa es una ventaja competitiva.
• Que el contenido técnico bien ejecutado genera preferencia real.
• Que educar al mercado es una de las formas más sólidas de vender.
Este proyecto no nació para perseguir tendencias.
Nació para resolver un problema de marca industrial con visión de largo plazo.
Y cuando eso sucede, los resultados dejan de depender de algoritmos
y empiezan a depender de criterio.
Las marcas que entienden su oficio no necesitan pedir prestada una voz.
Necesitan construir la propia.
Hablemos de cómo construir preferencia real por tu marca.
No con promociones. Con experiencias que valgan la pena recordar.
Cuéntanos brevemente cómo es tu organización y qué te gustaría mejorar o fortalecer.

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